Mi?rcoles, 18 de mayo de 2011

Alta capacidad y educaci?n

Un aspecto com?n de gran parte de los seres vivos ?y, por supuesto, del hombre es la curiosidad. Nuestra evoluci?n como especie la mantiene y convierte en un proceso de aprendizaje. Los humanos tenemos la necesidad de aprender pero, como es obvio, s?lo nos interesa aquello que nos resulta conocido por el motivo que sea; lo restante, simplemente, no existe.

Al llegar al mundo los conocimientos heredados son inmensos pero tenemos la necesidad de investigar nuestro entorno ?lo que nos resulta conocido o al alcance de la vista. Ocurre con todos los ni?os, se encuentra en nuestros genes, y, a falta de herramientas que se desarrollar?n en pocos a?os, los sentidos son la base de la investigaci?n. Dependiendo de la fase en que se encuentren dar?n mayor importancia a unos u otros por ello comenzar?n con el sentido del gusto o la utilizaci?n de la boca con tendencia a introducir lo que puedan alcanzar. Igualmente investigar?n con el tacto a?n sin tener un concepto sobre la lejan?a como ocurre cuando si, con pocos meses,l un ni?o observa la luna; ?se sentir? atra?do y alzar? la mano en un intento por alcanzar lo que ve.

El proceso de aprendizaje evolucionar? hacia t?cnicas m?s sofisticadas pero no de igual forma en todos los ni?os: en algunos el ansia de investigar es mucho mayor; requieren conocer todo, tocarlo, entenderlo, y cuando su capacidad se ampl?e preguntar?n con una insistencia desmesurada. En este contexto se enmarcan los ni?os precoces, quienes, normalmente, tendr?n un proceso de asimilaci?n m?s r?pido. Lo que es un factor muy a tener en cuenta por sus padres pero sin buscar conclusiones o etiquetas dado que la evoluci?n puede alterar sustancialmente sus caracter?sticas.

Entre los cuatro y cinco a?os se entiende que su mapa cerebral est? construido y maduro en un 50%. Teniendo en cuenta que los humanos nacemos de forma prematura comparados con otras especies, por necesidades del desarrollo del cerebro, la velocidad con que la mente madura resulta asombrosa. Es precisa una observaci?n parental minuciosa cuando se dan muestras claras de precocidad en cualquier terreno o en el conjunto de todos ellos. Y en la edad indicada ya se puede saber, con bastante exactitud, cu?l es el desarrollo intelectual del ni?o por mucho que algunos expertos en la materia lo consideren prematuro.

Intentando recordar las palabras de un investigador italiano cuyo nombre tampoco alcanzo a rememorar: desde los 0 hasta los 12 meses el especialista que corresponde es el pediatra, y a partir de esa edad ser?a el geriatra. Evidentemente es una enorme exageraci?n, pero denota la importancia y los tremendos cambios que se realizan en la mente infantil en cortos espacios de tiempo por lo que los padres deben de permanecer alerta en cuanto perciban que se producen alteraciones en el comportamiento del hijo que reflejen un avance superior al que corresponde seg?n la edad cronol?gica. No siempre es f?cil, especialmente si se trata del hijo mayor o ?nico, dado que dificulta la comparaci?n con otros ni?os pero es algo que se solventa con cualquier manual de comportamiento infantil y hay muchos en el mercado.

Cuando comienza la edad escolar las fronteras de investigaci?n se abren de par en par: deja de encontrarse constre?ido por el hogar para abrirse a un nuevo mundo de experiencias.

Lo deseable ser?a que ya en ese momento los padres tuviesen una certeza, si es que se han dado caracter?sticas de precocidad, sobre el potencial del ni?o. La alta capacidad (A.C.) o superdotaci?n, de existir, debe conocerse y, siempre que sea posible, buscar el colegio id?neo. No es f?cil; ?son pocos los que se implican en un tema que les proporciona un trabajo extra y, por otra parte, buen n?mero de los psic?logos o psicopedagogos de los centros escolares carecen de una preparaci?n suficiente puesto que no es algo que se estudie en las universidades salvo que hayan modificado sus planes porque, antes o despu?s, no quedar? m?s remedio que incorporarlos. Por ello, en Inteligencia y Vida tenemos un triple objetivo dirigido, por una parte, a estos profesionales; ?por otra parte, a los docentes y, por supuesto, a los padres. En especial los primeros conocen sobradamente lo que es un d?ficit de atenci?n o la problem?tica de hiperactividad y resulta bastante com?n el error de introducir en estos colectivos a alumnos de A.C.

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Padres y escuela

Uno de los principales factores que cualquier especialista va a considerar es la riqueza del lenguaje teniendo en cuenta la edad del ni?o. Pero es l?gico pensar que en gran parte va a depender del estatus cultural en el que se desarrolle, es decir, la formaci?n parental. Si ubicamos a un sujeto, por alto que sea su grado de inteligencia, en el contexto de una familia con un nivel cultural m?nimo, nos encontraremos con un di?logo que ser? completamente distinto al que se ubique en un h?bitat culto.

Se trata de adaptar, en el seno familiar, el tono de comunicaci?n a los requerimientos del ni?o. M?s a?n, desde que se inicia el aprendizaje del habla, la utilizaci?n de t?rminos inexistentes solo sirve para crear defectos a corregir: ?un perro es un perro, no un ?gua guau?, y de la misma forma la excesiva utilizaci?n de diminutivos. Sin comunicaci?n no existe la ense?anza por lo que es de esperar que cuando se produzca la introducci?n en el ?mbito escolar el alumno sepa comprender lo que el profesor dice y ?ste sabr? utilizar un lenguaje acorde con la edad.

Pero es m?s: la A.C. no lo es tan s?lo en el desarrollo cognitivo; intervienen una alta gama de inteligencias siendo, probablemente, la emocional una de las que tengan mayor importancia. Por lo que el proceso de comunicaci?n no es tan s?lo un intercambio de conocimientos, sino de emociones y sensaciones, lo que resulta mucho m?s complejo. Tal vez hay que hacer notar que el proceso comunicativo no reside tan s?lo en un contexto oral en el sentido fonol?gico sino que va m?s all? e implica la entonaci?n, gesticulaci?n, etc.

Si un ni?o entra en la escuela con una alta habilidad, en este contexto, tendr? muchas m?s posibilidades de ?xito.

Y de la misma forma podr?amos pensar en muchos factores. Si los libros son un elemento extra?o porque en su ?mbito familiar no existen, si nunca ha visto que la lectura de un cuento pueda resultarle atrayente, si no percibe en su ambiente el disfrute relajado de la literatura por las personas a las que busca imitar, ser? muy poco proclive a la utilizaci?n de unos elementos que le son desconocidos.

Por lo tanto, la preparaci?n que reciba de su entorno familiar puede determinar una adaptaci?n r?pida al ambiente escolar o ser, por el contrario, traum?tica.

En ni?os con una A.C., desde el mismo momento en que se introduzcan en el colegio, debe de existir una din?mica continuada de intercambio de informaci?n entre ?ste y los padres. Pero para ello es necesaria una detecci?n previa, lo que normalmente no ocurre, siendo necesario que se produzca en el colegio. Implica una preparaci?n en el profesorado que. normalmente, no existe. Cuando el centro involucra a los padres en un sentido positivo es cuando el hijo destaca por una alta habilidad, y en sentido negativo cuando lo hace por ser considerado problem?tico. Pero, tanto en un caso como en el otro, ?lo que puede subyacer es una elevada inteligencia. En el primero se ver?a compensada por la adaptaci?n al medio aunque su posterior desarrollo pueda ser muy distinto. En el segundo es t?pico el aburrimiento y la dejadez por falta de est?mulos, aunque es algo sobradamente conocido.

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Docentes y capacidad infantil

La figura del profesor es fundamental; dentro de su contexto puede representar la del padre o de la madre. Pero los roles no son los mismos, el papel de formaci?n dentro de un aula no puede abarcar lo que la familia es capaz de dar y es un ?xito del profesorado ganarse a un ni?o de A.C. que puede ser reacio o d?scolo.

Y, con todo, ?es necesario. La conducta de una persona no se puede concebir sin tener en cuenta los conocimientos que posee pero no nos encontramos en las escuelas de hace muchas d?cadas. Los procedimientos se han modificado porque los fines no pueden ser los mismos. No se trata de imbuir datos en el cerebro infantil.

La labor pedag?gica es mucho m?s amplia como lo deben de ser las legislaciones que establecen los estudios a impartir. Tanto el sistema de ense?anza como las materias a considerar deben dirigirse a la consecuci?n de hacer fluir de la mente del alumno sus capacidades, habilidades, h?bitos, que sirvan de una manera constructiva, esto es, que ense?en a pensar tras un proceso de creatividad que en parte es la base de la madurez de la persona y, como consecuencia, lograr otro de los puntales del equilibrio, como es la satisfacci?n, el gusto por la realizaci?n de actividades con un resultado transformador y no involucionista.

El papel docente es sin duda apasionante cuando lo que se quiere conseguir es la formaci?n de individuos sanos, con capacidad de razonar, y , en ese ambiente, ?un ni?o con A.C. puede sentirse perfectamente integrado.

Pero no podemos dejarnos llevar por lo id?lico. En un aula conviven ni?os muy dispares, con distintas necesidades y habilidades, cada uno con una capacidad y es en ese contexto en el que la alta inteligencia tiende a revelarse. Lo puede hacer muy temprano o m?s tarde, pero lo normal es que aparezca. Hay que tener en cuenta que a los 12 o 13 a?os el cerebro es maduro pr?cticamente al 100%, por lo que, incluso antes, se pueden producir una serie de transformaciones en el comportamiento que choquen con cualquier tendencia de adaptaci?n. En esos momentos la palabra clave es?motivaci?n, pero es infinitamente m?s simple escribirla que llevarla a la pr?ctica y la implicaci?n debe de ser conjunta entre el profesorado y el ?mbito familiar de forma que ni las clases supongan un tedio absoluto y repetitivo ni los trabajos caseros un castigo a cumplir.

Por parte del primero ser?a deseable utilizar elementos diferenciadores ?capaces de generar un reto sin que ello signifique una separaci?n, en el proceso de aprendizaje, de los restantes compa?eros, como cuadernos especiales con tareas que profundicen m?s all? de lo que los dem?s pueden precisar.

En cuanto a los padres, han de llevar a cabo, desde que se comienzan los trabajos escolares, una disciplina que, sin caer en el radicalismo, sea estimulante, con periodos de ocio previo, para que no agobie, y posteriores, ?sirvan como aliciente para concluir lo que corresponda realizar a modo de obligaci?n.

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?ltimas reflexiones

La funci?n psicopedag?gica, que apenas se ha mencionado, es muy importante. Ser?a deseable la obligatoriedad de los profesionales en el conocimiento de las A.C. y el comportamiento ante las mismas, de forma que puedan servir de orientaci?n al profesorado y de seguimiento de estos alumnos. Algo que se realiza en los d?ficits intelectuales pero no en los super?vits al menos no de forma generalizada.

Y por ?ltimo una opini?n de lo que en Espa?a parece la panacea a conquistar cuando en realidad es una medida m?s que discutible, y me refiero a la promoci?n de cursos. En primer lugar es un sistema por el que se ?premia? a los buenos estudiantes con inteligencia alta dejando al margen a otros de las mismas caracter?sticas cuya trayectoria es distinta y podr?a serles igualmente de utilidad.

Se intenta equiparar los estudios que se realizan con la edad mental del alumno en lugar de la cronol?gica y, si en un principio puede parecer ?ptimo, ser?a deseable que se considerasen el c?mulo de las inteligencias y no exclusivamente las cognitivas. Un ni?o puede estar perfectamente adaptado a la clase y a sus amigos y no merece que le extraigan de su contexto para introducirle en otro que le resulta extra?o. Y no solamente le supondr?a un desarraigo duro, sino que podr?a perfectamente no ser aceptado por los nuevos compa?eros, las diferencias en edades tempranas son notorias, y el ser adjetivado de empoll?n - o similares de car?cter despectivo - tal vez fuese lo suficientemente importante para causarle un rechazo o poner en una coyuntura dif?cil a su inteligencia emocional, por supuesto, inmadura.

En cualquier caso la enorme cantidad de ni?os de elevada inteligencia que pasan por las aulas es muy grande, como es l?gico, y ser?a interesante una encuesta entre el profesorado que indicase cu?ntos de ellos han encontrado en el ejercicio de su profesi?n. Con casi completa seguridad ser?an muy pocos, han pasado por delante o bien desapercibidos o, lo que es peor, tachados de problem?ticos y en buena medida marginados; no en vano se supone que puede haber un 60% de los ni?os con A.C. condenados al fracaso escolar. Realmente es un ejemplo de lo que supone un error social y una condena a la legislaci?n educacional, que de por s? ya naufraga en muchas aguas.

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Jos? Luis Freire

Asociaci?n Inteligencia y Vida


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